Da Vinci y la Sábana Santa - Documental


Controversias del Enigma de la Sábana Santa

Es uno de esos objetos molestos que no deberían existir, pero que sin embargo están ahí, para enfado de algunos, desconcierto de todos y veneración de muchos.

Es la Síndone, el Mandylion, la Sábana Santa, que cubrió o amortajó, presumiblemente, el cuerpo lacerado, roto y muerto de Jesús el Cristo, una vez que fue descendido de la cruz donde se dice que fue crucificado, según la costumbre romana, y después de ser lavado y ungido con los óleos con los que se honraba a los muertos, depositado en una tumba excavada en la roca de un huerto, donde una gran piedra deslizante ocultó al mundo el horror de un deicidio, hasta que, pasados tres días, según sus seguidores y creyentes de esa nueva fé, llamada Cristianismo, resucitó.

Sobre la figura de este hombre y de sus enseñanzas y supuestos milagros cada uno podrá adoptar la postura que quiera, pero determinadas cosas no se pueden negar, y una de esas cosas es el misterio que encierra ese lienzo de lino, que nadie ha conseguido desentrañar.

Existen, al parecer, registros que hacen referencia a un lienzo o tela con el rostro de Jesucristo, y que se remontan al siglo II , en Edessa, actual Urfa, en Turquía. De igual forma, en el año 525, durante las obras de restauración de la iglesia de Santa Sofía, también en Edessa, se registra el descubrimiento de una tela con la imagen de Jesucristo, imagen a la que llaman “acheropita”, cuyo significado es “no hecha por la mano del hombre”, que serían las dataciones más antiguas sobre la Sábana.

La Síndone sufrió los efectos de un incendio en la noche de 3 al 4 de Diciembre de 1532 y el fuego alcanzó una esquina de la urna de madera revestida de plata. Algunas gotas de la plata fundida atravesaron los diversos pliegues del lino. ¿Cómo pudo ser posible que la urna fuera sometida a 960 grados, y la plata se fundiera, y sin embargo el lienzo no se inflamó, y sólo quedó parcialmente afectado por las gotas de plata fundida que penetraron en él?.

Dos años más tarde, las monjas clarisas cosen unos parches para resturar el daño, parches que han sido retirados en el año de 2002, permitiéndose que puedan ser visibles los agujeros poducidos por la plata derretida. También se ha cambiado la tela soporte por una nueva, que se ve a través de los agujeros.

En el año de 1694, la Sábana Santa se coloca de manera definitiva en Turín.

Se la fotografió por primera vez entre el 25 y el 28 de Mayo de 1988 por el abogado Secondo Pía, comenzando con éllo los primeros estudios. La segunda vez que se fotografió fué en el año de 1931, por un fotógrafo profesional llamado Giuseppe Enrie. En 1969 se realiza, por el doctor Giovanni Battista Judica Cordiglia, la primera foto en color.

Y en el año de 1988 se toman algunos trozos de la Síndone para someterla a las pruebas de datación, utilizando el sistema del carbono 14 (C14). Y aquí comienza una polémica sobre la autenticidad de la Sábana Santa, pues el carbono 14 determina que el lienzo tiene una antigüedad cifrada entre los años de 1260 y 1390. Aparentemente, pues, la Síndone no es de la época de Jesucristo. Se habla de fraude, e incluso se dice que puede ser obra de Leonardo da Vinci.

Pero un científico ruso acabó con la duda al someter un lienzo del siglo I, perfectamente datado, a las condiciones del incendio de 1532. Al repetir los análisis de datación por el método del C14 llegó la sorpresa: El lienzo era ahora 13 siglos más moderno. Había sido el incendio el que modificó la Sábana. No había fraude.

¿Y qué nos cuentan los análisis efectuados a este lienzo?. ¿Es una pintura realizada por alguien?.

Pues parece que no existe nada que pueda reconocerse como pintura, tinte, colorante, etc. Tampoco se encuentra rastro de la imagen debajo de las manchas de sangre, por lo tanto se ha establecido que ésta se formó posteriormente a las manchas de sangre.

No se sabe cómo se ha creado esta imagen, que resulta ser una fotografía tridimensional, diferente a cualquier pintura o fotografía, formada estando el cuerpo en “levitación”, pues no hay señales de aplastamiento dorsal de la imagen. La parte dorsal y frontal son idénticas.

La sangre detectada es humana, de alguien que sufrió una muerte traumática, tal y como se relata en los Evangelios, herida por herida. Se aprecian las heridas en la cabeza y frente, producidas por las espinas, así como las de la flagelación, y todas las que sufriría alguien que fué crucificado como Jesús. Las huellas de los clavos muestran que éstos pasaron a través de las muñecas y no de las palmas de las manos, que la herida del costado (derecho y no izquierdo), fue hecha después de muerto y la corona de espinas era en realidad un casco que se encajaba en la cabeza y no un aro alrededor de la frente. Hay huellas de un cardo espinoso,(Gundelia Tourneffortii), con el cual pudo elaborarse la corona. Las heridas u orificios sangrantes, producidas por este casco de espinas se han calculado en más de 50, correspondiendo los más sangrantes a venas o arterias en el lugar en que éstas se hallan en un ser humano.

A lo largo de todo el cuerpo se notan los azotes producidos por un látigo romano, siendo las marcas idénticas a las que dejaría este tipo de látigo llamado Flagrum taxillatum. En total se contabilizan 120 azotes (los judíos sólo daban 40), y más de 600 contusiones y heridas en total, lo que da idea de la brutalidad a la que fue sometido el crucificado, por aquellos desalmados.

Su sangre es del tipo AB, y su grupo racial es judío o semítico. Alrededor de la sangre se ve suero, invisible a simple vista. La anatomía de las heridas, según los expertos, es absolutamente perfecta.

Un palentólogo detecta 59 esporas de polen, propias de Palestina, muchas ya extinguidas, esporas que son confirmadas en análisis posteriores. En la zona de los pies, rodillas y nariz se encuentra polvo travertino-aregenito, propio de Jerusalén. La nariz está partida, producto posiblemente de una caída, y el polvo hallado en esa zona y en la rodilla pueden ser debidos a esa caída. ¿Las caídas durante el traslado al Gólgota?.

En los ojos se notan unas prominencias circulares sobre los párpados, que corresponden a monedas (leptón), que se colocaban en los ojos de los cadáveres. Estas monedas fueron acuñadas en tiempos de Pilatos, (26 al 36 d.C.). Fueron retiradas de la circulación a la muerte de Tiberio y sucederle en el trono Cayo Calígula, (37 d.C.).

Para explicar cómo se ha producido la “fotografía tridimensional de Jesús el Cristo”, que se encuentra en negativo, un científico francés, de nombre Jean Bautise Rinaudo, dice que “se trata de una irradiación instantánea de protones de deuterio, bajo una forma de energía desconocida”.

Otros científicos confirman que la imagen ha sido fotografiada sobre el lino por “una irradiación lumínico térmica instantánea (0,002 segundos), que “quemó” las fibras de la tela muy superficialmente (0,003 mm.).

¿Quién es el ser de la Sábana Santa?. ¿Es realmente la fotografía, en negativo de Jesús el Cristo?. ¿Qué misteriosa energía atómica fotografió a esa persona?. ¿Por qué hoy día no se consigue hacer una fotografía o impresión similar, pese a la moderna tecnología?.

Lo que queda sobradamente demostrado es que no se trata de una falsificación, absolutamente imposible, y que esa sábana envolvió a “alguien”, fuese quien fuese, que generó una energía desconocida que “fotografió” su cuerpo, y que ese ser fue crucificado, después de haber sido sometido a multitud de torturas, tal y como se cuenta y se ha escrito sobre un tal Jesús de Nazareth, llamado El Cristo.

Resucita el Enigma de la Sábana Santa:

Un nuevo estudio científico confirma la autenticidad de la Sábana Santa de Turín. De acuerdo a la investigación efectuada por un químico norteamericano, las muestras que se analizaron mediante carbono 14 en 1988 no eran más que un remiendo medieval. Se reaviva así la polémica sobre la más famosa reliquia de la cristiandad.

 
Un nuevo estudio ha devuelto la Sábana Santa a la más rabiosa actualidad. Quince años después de que un equipo de científicos de tres universidades de prestigio concluyeran –tras someter el lino a una datación mediante el carbono 14– que el sagrado lienzo es una “falsificación medieval”, un químico vinculado a la NASA ha descubierto que aquel estudio fue erróneo. ¿La razón? Los laboratorios implicados analizaron un fragmento de la reliquia que fue añadido tras un incendio sufrido en 1532.

El responsable de la nueva investigación es un químico llamado Raymond N. Rogers. A propósito de su prestigio y credibilidad no hay discusión. No obstante forma parte del equipo de científicos del Laboratorio Nacional de Los Álamos (Nuevo México, EEUU), una institución que habitualmente trabaja para las misiones espaciales de la NASA y que está en la vanguardia de todos los avances tecnológicos de la actualidad.

Gracias al raspado de impurezas y remiendos efectuados en Turín hace dos años, el científico efectuó un complejo análisis químico de las sustancias que están adheridas al lienzo. Tras elaborar su investigación, envió el paper a la publicación científica de referencia, Thermochimica Acta, en cuyo consejo de redacción se determinó crear un comité de arbitraje que enjuició el hallazgo para certificar su credibilidad. Al fin y al cabo, así es como trabajan las publicaciones científicas. Después de las pesquisas, se decidió dar luz verde al informe, que se publicó en el número correspondiente al mes de enero de 2005.

La clave tiene nombre: vanilina
 
La principal aportación efectuada por Rogers consiste en el descubrimiento de una sustancia química, denominada vanilina, que cubre algunos fragmentos de la reliquia. Sin embargo, Rogers averiguó que la vanilina sólo aparece en los remiendos que unas monjas colocaron en la Sábana Santa tras el incendio que sufrió en el año 1532. El hecho es que la también llamada Síndone se encontraba doblada en un arcón de plata que, al fundirse, consumió los vértices de cada doblez. Las monjas utilizaron otra tela para cubrir los “huecos”. Son esos trozos de tela los que incorporaron esa sustancia. En cambio, la parte central de la misma, en donde aparece la imagen, no presenta resto alguno de dicha sustancia. Lógicamente, Rogers estableció que este componente era un rasgo distintivo de aquellas partes de la tela que pertenecían al siglo XIV y que, por tanto, no eran originales.

Lo más llamativo vino cuando el equipo de trabajo del Laboratorio Nacional de Los Álamos detectó trazas de vanilina en uno de los vértices inferiores de la Sábana. Casualmente, esa parte de la reliquia es la que fue cortada en Turín el 21 de abril de 1988 para que los laboratorios de las universidades de Oxford (Reino Unido), Zurich (Suiza) y Arizona (EEUU) aplicaran el método del carbono 14 a fin de conocer la antigüedad del objeto. Dicho método, muy utilizado en arqueología para desvelar la datación de piezas desenterradas, fue considerado como el definitivo para aclarar el enigma.

Finalmente, el 13 de octubre de 1988, los científicos dieron a conocer que la Síndone no databa de la época de Jesús. De acuerdo a la técnica usada, el lienzo había sido fabricado entre los años 1260 y 1390. Nos encontrábamos ante un fraude…
La repercusión mundial de la noticia hirió de muerte a todas las informaciones posteriores sobre la Sábana de lino. La desilusión provocada hizo que este fascinante asunto abandonara para siempre el olimpo informativo. El tema dejó de interesar, pese a que entre los sindonólogos de todo el mundo se abrió un acalorado debate sobre la idioneidad o no del empleo de ese método para aplicarlo a una muestra tan singular. Dos congresos internacionales celebrados en 1989 y 1990 sirvieron para que científicos de diversos países presentaran ponencias que cuestionaban el estudio. Todas aquellas “quejas” cayeron en saco roto, pese a que Michael Tite, del Museo Británico, pidió disculpas públicas por los errores metodológicos y protocolarios que se cometieron durante el análisis, del que él mismo fue nombrado garante por el Vaticano. En cierto modo, reconocía la nulidad de la prueba, pero su confesión fue ignorada por los grandes medios de comunicación.

Sólo ahora, pasados quince años, el enigma ha vuelto a asomar entre las noticias de la prensa internacional. Según afirmó el citado Raymond R. Rogers, “el hecho de que la vanilina no se haya encontrado en el tejido de la parte central de la Sábana, de la misma manera que no se halla en otras telas igual de antiguas, indica que la datación anterior tiene que estar equivocada. El trozo que analizaron los laboratorios, efectivamente, es aproximadamente del año 1290, pero es imposible que el resto de la reliquia sea de la misma fecha. Tiene que ser mucho más antigua”. Como nueva datación, en función de la vanilina, Rogers propone que Sábana Santa tiene un mínimo de 1.300 años y un máximo de 3.000. Es decir: podría datar de la época de Jesucristo y, por tanto, ser lo que es según la tradición, es decir, una suerte de impregnación del lienzo, por medios inexplicables de alguien que falleció tras ser crucificado…

Dudas desde 1988
 
La nueva datación ha suscitado polémica, incluso en el propio seno del Vaticano. De forma sorprendente, en círculos eclesiásticos, el trabajo de Rogers no ha sido acogido con ilusión. A la palestra ha saltado monseñor Guiseppe Ghiberti, presidente de la Comisión para la Síndone creada por el arzobispado de Turín, en cuya catedral se conserva la reliquia. Este comité fue el que hace dos años aprobó un proceso de limpieza de la misma, que consistía en extraer del objeto original –independientemente de la fecha de datación– aquellos trozos de tela añadidos por diversos asuntos. Entre ellos se recortaron los remiendos y la llamada “tela de Holanda”, colocada en siglos pasados en la parte anversa del lienzo con objeto de protegerlo. Además, se encargó a la doctora suiza Mechild Flury-Lemberg que extrajera todas las impurezas del lienzo, razón por la cual, tras la depuración, quedó de un color mucho más claro del que habitualmente posee.

Sin embargo, Ghiberti asegura que en ese examen no se descubrieron remiendos de ningún tipo en la parte que fue analizada mediante el carbono 14. Para Rogers, sin embargo, no hay espacio para la polémica: “Mi estudio ha sido objeto de un seguimiento independiente para ser aprobado y publicado en una revista científica”, declaró a la agencia de noticias Zenit. Tal cosa indicaría que no existe error posible. De hecho, para clarificar el asunto, Rogers ha especificado que su estudio no indica que todo el trozo analizado fuera “moderno”, puesto que bastaría con unos hilos añadidos –de hecho se sabe que en aquellos sectores de la Sábana que quedaron empobrecidos, se reforzó con nuevas tramas la textura– para que la vanilina aparezca e invalide cualquier estudio. Como prueba adicional presenta unas imágenes tomadas con rayos ultravioleta en el año 1978, en las que se percibirían esa suerte de hilos postizos que fueron erróneamente utilizados por los laboratorios de Oxford, Zurich y Arizona.

La conjura del carbono 14
 
Sin embargo, ésta no ha sido la primera vez que la prueba del carbono 14 sufre un jaque. Ya en 1988, Gabriel Vial, director del Museo de Tejidos de Lyon (Francia), advirtió a los científicos encargados de la prueba que “el punto seleccionado podría ser una reparación”. La advertencia cayó en saco roto. También lo recordó en septiembre 1989 Franco Testore, durante el Simposio de París: “La muestra puede tener síntomas de contaminación, ya que se encuentra a muy escasos centímetros de una de las zonas que sabemos fue dañada por el incendio de 1532. Además, sobre este punto se han acumulado siglos de suciedad y se ha producido lo que se conoce como electroforesis, es decir, suciedad en la cavidad de las fibras de lino”. Con anterioridad, el sindonólogo italiano Giovanni Riggi publicó un trabajo titulado Rapporo Sindone, en el cual advertía que la zona señalada “presenta hilos de otra naturaleza que, aunque en cantidad mínima, pueden conducir a variaciones en la datación, puesto que son de incorporación tardía”. En cierto modo, lo que estaba haciendo era anticipar el resultado del estudio publicado en el año 2005 por el norteamericano Rogers.

Uno de los investigadores disidentes –a los que nadie tomó en consideración en su momento– fue el británico Peter H. South, director del Laboratorio de Análisis Textil de Ambergate (Gran Bretaña). Denunció que en las muestras utilizadas para el análisis mediante carbono 14 había elementos impuros: “Se detectó algodón, un algodón fino, amarillo oscuro. Desafortunadamente, es imposible explicar cómo esas fibras acabaron en la Síndone que, fundamentalmente, está hecha de lino. Es posible que se utilizaran en el pasado para restauraciones”. Los periodistas a quienes reveló esas informaciones no lo tomaron en cuenta. Ni siquiera cuando South publicó en la revista especializada Textile Horizonts aquellos datos. Quince años después, la inutilidad de aquellos reporteros ha quedado demostrada del mismo modo que quedó patente cómo, entre científicos y medios de comunicación, hubo una sintonía no pactada que, sin embargo, condujo al mundo entero a sufrir un engaño masivo.

En su libro El escándalo de una medida –Ed. Marcombo, 1991–, los periodistas Enmanuella Marinelli y Orazzio Petrosillo muestran cómo tras el análisis efectuado por los tres laboratorios que condenaron a la Sábana Santa a convertirse en una falsificación medieval existieron enormes incorrecciones. Por un lado, no se siguieron los protocolos pactados previamente por los científicos, mientras que, además, los trozos examinados incluso pudieron ser alterados durante el proceso de traslado entre Turín y los diversos laboratorios. Además –y en contra de lo que establece cualquier pauta de comportamiento científico– los laboratorios mantuvieron contacto entre sí durante todo el proceso de investigación –aproximadamente seis meses–, “sin que nadie se enterara pero asegurándose entre ellos que los resultados de unos y otros coincidían”, denunció el reportero francés Bruno Bonnet-Eymard.

El hecho de que pudieran llegar a existir comportamientos guiados por la mala fe es una posibilidad que la Iglesia y los propios científicos siempre quisieron evitar. Ahora, a la luz de los nuevos hallazgos –que elevan a dogma las sospechas publicitadas por los sindonólogos hace 15 años– todas esas informaciones han de ser rescatadas. Hay que citar, por ejemplo, otro de los asuntos bien extraños que se dieron durante las pruebas del radiocarbono. Por ejemplo, uno de los científicos implicados en el análisis de aquellas muestras, el británico Harry Gove, logró que los tres laboratorios citados llevaran a cabo el mismo proceso de descontaminación de trozo empleado. Tal cosa va en contra de cualquier independencia científica, ya que como denuncian Marinnelli y Petrosillo “de este modo se aseguraban los laboratorios que el resultado entre ellos no iba a ser dispar”. Ahora, a tenor del tiempo transcurrido sólo queda espacio para la sorpresa y el escándalo: “Las muestras analizadas sólo estaban contaminadas al uno por ciento”, declaró Edward Hall, director del laboratorio de Oxford (Reino Unido), uno de los tres que participaron en el análisis.

A sabiendas de que ya se conoce que esa contaminación era enorme, las dudas sobre la actitud de los responsables de los laboratorios que participaron en la prueba del carbono 14 deben reactivarse. Hall fue quien, en la rueda de prensa ante los medios en la que se comunicó el resultado, afirmó que la Sábana Santa “contiene sangre de cerdo”, en relación a Jesús de Nazaret. ¡Ah! Como Hall reveló el resultado del carbono 14 a un diario británico con antelación –quebrando todos los protocolos–, cobró por la exclusiva varias decenas de miles de libras esterlinas. Afortunadamente, no hay mentira que dure mil años. La del estudio científico que concluyó que la Síndone es una falsificación medieval se ha quedado en sólo quince. La farsa comienza a salir a la luz.

Leonardo Da Vinci y La Sábana Santa

Galileo Galilei (1564-1642) es “el santo patrón (¡pobre hombre!) de todos los chiflados autocompasivos”, dejó escrito Isaac Asimov en 1977 en su corolario. El padre de la astronomía es un fetiche para los vendedores de misterios, quienes argumentan que, como ellos, Galileo también fue un incomprendido por decir aquello de que la Tierra gira alrededor del Sol. Lo que siempre se les olvida a ufólogos, parapsicólogos e historiadores alternativos es que el sabio de Pisa no fue condenado por parte de la ciencia, sino de la religión; que las inquisiciones son promovidas por quienes creen, no por quienes no creen.Los tiempos cambian y los comodines de los mercaderes de lo oculto también. De un tiempo a esta parte, y sobre todo tras el sorprendente -¡porque la novela es mala de narices!- éxito de El código Da Vinci, le ha tocado el turno a Leonardo da Vinci (1452-1519), el genio del Renacimiento al que debemos obras de arte como La Última Cena y La Gioconda, estudios de anatomía y un gran número de inventos que sólo lo fueron sobre el papel. Los charlatanes de este comienzo de siglo siguen proclamándose galileos, pero es Leonardo el personaje que ahora reina en las portadas de las revistas esotéricas y de los ensayos y novelas dedicados a explotar conspiraciones que nunca existieron, como la del Priorato de Sión y la descendencia secreta de Jesús y María Magdalena.

Portada del número 212 de 'ForteanTimes'.Para muestra, el último número de la revista británica Fortean Times, publicación que debe su nombre a Charles Fort (1874-1932). Periodista estadounidense, Fort dedicó treinta años a recopilar noticias de hechos extraños -desde lluvias de ranas hasta apariciones fantasmales- que reunió en 40.000 fichas guardadas en cajas de zapatos. Fortean Times se presenta este mes en su portada con una recreación de La Última Cena presidida por un Jesús al que acompañan a la mesa Pablo Picasso, Charles de Gaulle, Rudolf Hess, Orson Welles, Pierre Plantard de Saint-Clair -el inventor del Priorato de Sión- y un Leonardo que estrangula -y no me extraña- a Dan Brown. Además de defender a estas alturas la historicidad del Priorato de Sión, el reportaje de portada, obra de Lynn Picknett y Clive Prince, reivindica una de esas historias con la que el moderno esoterismo ha vinculado al genio de Vinci y que, de ser cierta, supondría un duro revés para la Iglesia católica y buena parte de la comunidad creyente.

Las fuentes de una ‘teoría’

Picknett y Prince son dos escritores de libros esotéricos que están haciendo su agosto gracias al éxito de El Código da Vinci y que han protagonizado un cameo en la película homónima. De uno de sus libros -La revelación de los templarios (1997)-, Brown bebió hasta reventar, y eso les ha devuelto a la actualidad y ha hecho que se reediten sus obras. Una de las que aún no ha reaparecido en las librerías españolas es El enigma de la sábana santa. La revelación de una verdad escandalosa (1994), que acaba de reeditarse en el Reino Unido bajo el más comercial título de Turin Shroud: how Leonardo da Vinci fooled History. Como ya habrán adivinado, en este libro, los autores vinculan a Leonardo con la falsa reliquia más famosa de la cristiandad: sostienen no sólo que la fabricó, sino también que él es el retratado. Cómo surgió esta tesis -con perdón-, tiene su miga.

Los autores de El enigma de la sábana santa asumieron, a principios de los años 90, que todo lo contado en El enigma sagrado (1982) es cierto. Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln decían en su libro, un bestseller esotérico de la época que ha sido la principal fuente de Brown, que Leonardo fue uno de los grandes maestres del Priorato de Sión, guardianes del secreto de la estirpe de Jesús y María Magdalena. Picknett y Prince se apoyaron sobre esos cimientos para levantar su edificio argumental, que cobró vuelo gracias a un comunicante misterioso, un tal Giovanni de dudosa existencia y que en una serie de cartas les habría informado de la participación del genio en el montaje del sudario de Turín.

'El enigma sagrado', de Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln, es la obra que está detrás de la 'fiebre da Vinci'.Pero la auténtica revelación no fue la de Giovanni, sino que se produjo de una manera mucho más acorde con los tiempos actuales, en los que una modelo o un futbolista pueden ser líderes de opinión y un país paralizarse por la agonía y muerte de una folclórica. Picknett se sorprendió en una tienda de Londres al darse de bruces con una postal con un retrato de Leonardo que al final no era tal, sino una reproducción del rostro del hombre de la sábana santa. ¡Y se hizo la luz! La escritora corrió a ver a su socio, quien inmediatamente comprendió la trascendencia del hallazgo. Ambos fueron conscientes de que precisaban de una confirmación independiente y autorizada. “Necesitábamos alguna corroboración por parte de alguna persona desconectada por completo y sin ninguna preocupación por el mundo del sudario”, dicen en el libro.

La fortuna quiso que, por aquella época, Picknett colaborara en una revista femenina. No, no sean mal pensados: no fue a la redacción a preguntar a las periodistas quién era el hombre de la postal. Lo que hizo fue mucho más inteligente. ¿Que por qué digo que fue más inteligente? Porque muy posiblemente ninguna redactora -ni redactor, que en la ineptitud tampoco somos distintos un sexo de otro- de una revista femenina hubiera identificado a principios de los años 90 a Leonardo da Vinci en uno de sus autorretratos. Picknett cogió la postal del hombre de la sábana y un retrato de Leonardo, y se metió ¡en el vestuario de las modelos que preparaban una sesión fotográfica! “La respuesta fue instantánea y gratificante en extremo”, recuerda en El enigma de la sábana santa. De las quince interrogadas, trece respondieron que las dos imágenes correspondían al mismo hombre, una pasaba del tema y otra reconocía al personaje de la sábana porque era católica.

Picknett y Prince ya tenían la prueba definitiva: ¡el dictamen de un grupo de modelos confirmaba que el hombre de la sábana santa es en realidad Leonardo da Vinci! Coincidirán con ellos y conmigo en que, si algún gremio sabe de trapos, es el de las modelos. A partir de ese momento, intentaron explicar cómo y por qué fabricó Leonardo la reliquia. Y demostraron, a su manera, que el artista pudo hacerla recurriendo a algo que hoy nos es muy familiar y en lo que es un maestro Mauricio-José Schwarz, coordinador de esta mesa redonda. Sí; me refiero a la fotografía. Leonardo, argumentan, describió algo muy parecido a la cámara oscura en uno de sus escritos reunidos en el Codex Atlanticus y pudo identificar y aprender a usar las sustancias químicas sensibles a la luz necesarias para fijar imágenes en un soporte. Pudo o no pudo.

Los motivos del genio

El rostro del hombre del sudario de Turín. ¿Y por qué hizo la sábana? “Puede haber una razón sencilla: Giovanni dijo que Leonardo había sido encargado por el propio papa para que preparase otro santo sudario mejor, con el que atraer a las multitudes. También dijo, sin embargo, que no fue Leonardo el primer elegido para ello y que otros, como Miguel Ángel (1575-1564), habían declinado el encargo. No sabemos si esa historia es o no cierta; pero por aquel tiempo las historias de corrupción de la Iglesia eran un lugar común”, argumentan los autores. Falazmente, porque la existencia de corrupción en el Vaticano no confirma en sí misma la historia del santo sudario. De todo esto, concluyen que Leonardo hizo la sábana y que, encima, al autorretratarse consiguió que millones de personas -incluido el papa Juan Pablo II- acabaran venerando su imagen como la de un dios durante siglos. Picknett y Prince presentan en su libro una réplica de la sábana santa hecha a partir de material de la época de Leonardo y mediante la impresión fotográfica, pero eso no demuestra nada. También podían haber construido un planeador de madera, hacerlo volar y decir que Leonado consiguió tal logro, cuando los primeros que lo hicieron fueron los hermanos Wilbur y Orville Wright hace poco más de cien años.

El descubrimiento de Picknett y Prince se basa en pruebas circunstanciales, tal como ellos mismos admiten en el último número de Fortean Times, donde, sin embargo, se mantienen en sus trece. Siguen sosteniendo que Leonardo fabricó la sábana santa y, para ello, presentan una nueva prueba: se trata de la comparación del rostro del hombre de la sábana con el del Salvator Mundi, un Jesús pintado por el artista en 1513. Casan perfectamente, sostienen. Y añaden que eso, unido a que el Jesús de Leonardo también encaja con otro pintado en 1935 por Ariel Aggemian inspirándose en el rostro de la sábana, confirma que el genio del Renacimiento está detrás del sudario de Turín. Ustedes seguro que sospechan ya otra cosa, que es posible que Leonardo -como Aggemian- se inspirara en la falsa reliquia, ya famosa en su época, a la hora de pintar un retrato de Jesús. Nuestros agudos investigadores dan carpetazo a esa posibilidad diciendo que, si Leonardo hubiera visitado la sábana, habría constancia de ello. ¿Desde cuándo la ausencia de prueba es prueba de ausencia?

Comparación entre el rostro de la sábana y el 'Salvator Mundi' de Leonardo. El análisis del carbono 14 dejó claro, hace dieciocho años, que la sábana de Turín data en del siglo XIV, así que no pudo envolver el cuerpo de Jesús. Las pruebas hechas en tres laboratorios de Estados Unidos, Reino Unido y Suiza dataron “el lino del sudario de Turín entre 1260 y 1390 (±10 años), con una fiabilidad del 95%”. Ese resultado se publicó en la revista Nature, en febrero de 1989 y hasta hoy nadie ha demostrado que sea erróneo. Pero eso da igual a los sindonólogos y a los vendedores de misterios. Los primeros han llegado a inventarse declaraciones de un premio Nobel para desacreditar las pruebas de 1988; las afirmaciones de los segundos se cuentan por mentiras. Celestino Cano, presidente del Centro Español de Sindonología (CES) en 1989, dijo entonces que la prueba del radiocarbono no se había hecho bien, “como más tarde ratificó el propio inventor del sistema”.

Willard F. Libby, Nobel de Química en 1960 por el descubrimiento de este sistema de fechación, quería -según Cano y sus colegas- comprobar la metodología seguida por los laboratorios que realizaron la medición, lamentaba que toda la tela a analizar procediera de un mismo lugar y sospechaba que la muestra podía estar contaminada. El problema, ay, es que Libby había muerto nueve años antes, cuando nadie contemplaba la posibilidad de que la Iglesia permitiera ese tipo de prueba destructiva. A no ser, claro, que los miembros del CES supieran de la opinión del científico en una sesión de espiritismo.

Picknett y Prince admiten que no hay ninguna prueba histórica de la existencia de la sábana santa antes de 1350, cuando aparece en la localidad francesa de Lirey, y que el veredicto del carbono 14 deja claro que la reliquia fue fabricada en la Edad Media. Que Leonardo no naciera hasta 1452 es un problema menor para su tesis porque los tres laboratorios implicados en el análisis del radiocarbono apuntaron que, con un 99,9% de fiabilidad, la sábana fue confeccionada entre 1000 y 1500. Esa ampliación del paraguas temporal cubre la hipótesis Leonardo, aunque de forma insuficiente, ya que se trata sólo de una posibilidad, apunta a un posible cambiazo de la tela no documentado y a un complot vaticano del que tampoco hay ninguna prueba. Así pues, ¿qué tenemos para defender la idea de que Leonardo es el artífice del sudario de Turín? Un montón de pruebas circunstanciales; nada.

La tontería cátara

No quiero acabar sin dedicar atención a otro reciente gran éxito editorial basado en la tergiversación de la figura de Leonardo: La cena secreta, obra del ufólogo -ahora metido a novelista- Javier Sierra. No les voy a reventar la novela. Allá ustedes si quieren leerla. Les voy a demostrar sólo cómo Sierra es tan fiable cuando habla de Leonardo como cuando defiende que en Roswell se estrelló un platillo volante en 1947, cuando da crédito a una fraudulenta autopsia a un extraterrestre y cuando sostiene que el transistor es un invento basado en tecnología alienígena.
'La Última Cena', de Leonardo da Vinci, capta el momento del Evangelio de Juan en el que Jesús anuncia a sus discípulos que uno de ellos le va a traicionar.

Afirma el novelista que nuestro protagonista fue el último cátaro. Los cátaros creían el universo estaba compuesto por dos mundos en conflicto, uno espiritual creado por Dios y otro material obra del Diablo, y no creían en Jesús como la divinidad encarnada. “Los cátaros, por ejemplo, pensaban que Jesús era un hombre, no un Dios y aquí aparece como hombre -dice Sierra refiriéndose a La Última Cena-; los cátaros no comían carne y en el cuadro no aparece el típico cordero; ellos no tenían sacramentos y por eso no aparece el Cáliz; a Leonardo en tres cuartas partes de su vida nunca se le conoció pareja y los cátaros rechazaban las relaciones sexuales; los cátaros, al igual que Da Vinci, siempre vestían de blanco; los cátaros rechazaban la cruz como símbolo del cristianismo y el artista nunca pintó una cruz, una cosa muy rara en la época. Hay muchas pistas de que Leonardo perteneció a esta herejía y de que la obra que pintó en la sede de los dominicos en Milán fue la burla pictórica más gigantesca de todos los tiempos”.

Vayamos por partes. Cuando Sierra dice que, en La Última Cena, Jesús aparece como hombre y no como Dios da como principal argumento la carencia de halo, elemento que está ausente en muchas obras de Leonardo. ¡A ver si va a tener razón y va a ser el de Vinci un hereje…! “¿Es sorprendente que en el cuadro no existan los típicos halos de santidad? Pues, si es así, hay un montón de misterios en el mundo de la pintura porque, por ejemplo, en La Última Cena de Lovaina, obra de Bouts -anterior en algunos años a la pintura de Leonardo-, ya no aparecen. Sencillamente, en este momento se asiste a un intento de aproximar las representaciones de escenas religiosas al espectador y Leonardo se suma a esta corriente”, explica José Luis Calvo. El historiador palentino indica en un interesantísimo texto que hay halos en la segunda versión de La Virgen de las rocas porque en este cuadro intervino otra mano; pero que, para encontrarlos en Leonardo, “tendríamos que retrotraernos a las obras juveniles”.

El famoso San Juan Bautista, de Leonardo, con rasgos andróginos y el cayado en forma de cruz. No es éste el único detalle que pasa por alto Sierra, quien rivaliza en rigor con Dan Brown. Que no aparezca carne en La Última Cena es algo circunstancial; pero que no se vean restos del sacramento de la eucaristía no. No hay cáliz, no hay Santo Grial, porque el cuadro pretende captar no el momento de la instauración de la eucaristía, sino el del Evangelio de Juan en el que Jesús anuncia a los apóstoles que uno de ellos le va a traicionar. En ese evangelio, no hay ninguna referencia a la eucaristía, a diferencia de los otros tres canónicos. Que a Leonardo no se le conociera pareja y vistiera de blanco significa bien poco, y es mentira que nunca en su vida pintó una cruz. Sin ir más lejos, en una de sus últimas obras, el San Juan Bautista, el profeta lleva una cruz.

Cuando son reales, las pruebas de Sierra son tan circunstanciales como las de Picknett y Prince. Si éstos olvidan cuando les conviene que la sábana santa era ya famosa a mediados del siglo XIV, cien años antes del nacimiento de Leonardo, aquél pasa por alto que el último prefecto cátaro, Guillaume Bélibaste, murió a principios del siglo XIV, dos siglos y medio antes del natalicio del autor de La Última Cena. Son detalles que podrían fastidiar un negocio que precisa de montones de pruebas circunstanciales para ocultar que no hay ninguna que realmente merezca ser considerada como tal.

Leonardo fue un genio con sus luces y sus sombras, como todo ser humano. Y su personalidad y obra tuvieron tan poco que ver con lo que venden los traficantes de misterios como Nostradamus con la caída de las Torres Gemelas y con una profetizada victoria de la selección española de fútbol en el Mundial de Alemania.

Conclusión:
Como podrá observarse a lo largo de la lectura de éstos 3 autores, en el misterio de éste "Santo Sudario o Sábana Santa" hay un gran desfile de personajes interesados en alcanzar algún tipo de reconocimiento o en descalificar la autenticidad de la sábana o simplemente en aumentar sus ingresos económicos, como también, aunque pocos, con un verdadero espíritu científico, sin embargo ni unos ni otros han podido dar pruebas irrefutables que aclaren en definitiva la autenticidad del sudario, les dejo el siguiente vídeo para que al verlo constaten por si mismos lo mencionado anteriormente, observen como hay que tener mucha imaginación para ver en el rostro de la sábana la imagen de Leonardo, sin embargo también hay que ser objetivos y lo que menciona una Doctora es digno de tomar en cuenta, acerca de las proporciones de la cabeza con el resto del cuerpo, el tamaño de la parte frontal del mismo con respecto a la parte posterior y el interesante detalle de la desproporción de los brazos, así que por lo tanto el misterio sigue en el aire, usted amable lector tendrá la última palabra de ésta interesante controversia.

Video Da Vinci y la Sábana Santa:

Género: Ciencia / Misterios
  Duración: 00:48 m
  País: USA
  Año: 2009
  Fuente: Discovery Channel
  Idioma: Español
  
 
  Formato: AVI
  Tamaño: 499 MB
  Audio: 128Kbps/2 Estéreo/48kHz
  Video: 1325Kbps 1453Kbps, 25 fotogramas por segundo.
  Calidad: SATRip

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