El paradigma holográfico

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El paradigma holográfico
La holografía es una técnica avanzada de fotografía, que consiste en crear imágenes tridimensionales. Para esto se utiliza un rayo láser, que graba microscópicamente una película fotosensible. Ésta, al recibir la luz desde la perspectiva adecuada, proyecta una imagen en tres dimensiones.

El neurofisiólogo Karl Pribram ha establecido la hipótesis de que el cerebro sigue un modelo holográfico. Lo más relevante de las imágenes holográficas consiste en que si partimos un holograma en dos, cada fragmento poseerá la información original completa; y aunque siguiéramos subdividiendo cada fragmento, por más pequeño que sea, siempre contendrá la información del todo, la imagen completa. Esta imagen tridimensional de un objeto real se forma en una placa por efectos de una interferencia electromagnética; proceso que, según el psicólogo Stanislav Grof, es semejante al que acontece en la psique inconciente.
La parte en el todo, y el todo en la parte, ¿les suena?. Esa sería para muchos científicos la cualidad intrínseca de la mismísima realidad.
Pribram explica lo que es un holograma con la siguiente imagen:
“Arrójese un puñado de arena en un estanque y las ondas producidas por cada grano de arena se entrecruzará con las ondas de los otros granos de arena, estableciendo patrones de frentes de ondas que se interfieren. La suave superficie, a modo de espejo, se ha hecho imprecisa, pero el desdibujamiento ha ocultado en su interior un patrón increíblemente ordenado. Si pudiera congelarse repentinamente el estanque en ese instante, su superficie sería un holograma. El holograma fotográfico es como un registro congelado de patrones de interferencia”.
Ahora imaginemos nuestro sistema solar como un estanque sideral; cada planeta es como un grano de arena productor de ondas. Éstas se entrecruzan con las demás, generando un patrón de interferencia constantemente varible.
Es en el momento del nacimiento cuando queda fijado en cada uno de nosotros un holograma personal que es individual y cósmico a la vez. Nuestro ser (¿acaso nuestra alma?) podría ser la placa sensible que da cuenta del patrón energético, y que a su vez es interpretado por nuestro cerebro.
Me atrevo a decir que este holograma es ni más ni menos que la carta natal.
Ahora bien, habría que hacer una distinción importante. El patrón energético que nos define es una cosa, pero las reacciones psicológicas ante este patrón es otra muy distinta. Si no fuera así, todo estaría ya escrito y seríamos completa y tristemente previsibles.
En la holografía es necesario contar con un haz de luz coherente para dar cuenta de la imagen tridimensional que se proyecta en el espacio. Es el láser quien cumple esta función.
Utilicemos la analogía y pensemos en la carta natal como un holograma, ¿qué tipo de luz necesitaríamos para hacerla manifiesta?.
Esa luz coherente que podría concretizar la información contenida en su interior no es otra que la “luz” de la conciencia. Cuanto más pura o elevada sea, mejor evidenciará el potencial natal; tanto más coherente será con la energía simbolizada por la carta. Aclaro que cuando hablo de conciencia me estoy refiriendo a la conciencia del “dueño” de la carta, no a la conciencia del astrólogo que la interpreta.
Una conciencia libre de apegos, de prejuicios y de identificaciones generará una realidad más integrada y perfecta, y en el fondo, verdaderamente real.
Es el nivel de conciencia de cada ser lo que hará la diferencia entre experimentar la carta natal (es decir, la propia energía) de una u otra manera. Esta holografía simboliza lo que potencialmente somos, además de indicar tanto nuestros ciclos personales como los colectivos y generacionales.
En este sentido, no sólo dependerá del nivel sino del tipo de conciencia que iluminará al holograma. El potencial de nacimento será actualizado y optimizado en función del nivel de conciencia que atraviesa el holograma.
O usando la fórmula de Pierre Weil:

Vr=(f)Ec
Donde la vivencia de la realidad (Vr) es función (f) del estado de conciencia (Ec) en que estamos.
El concepto de holograma puede aplicarse a todo aquello que represente la imagen completa de algo, por eso es que la astrología “es” holográfica.
Tal como la utilizamos corrientemente, la holografía es una técnica que sin usar ningún tipo de lentes crea imágenes tridimensionales. Un rayo láser graba microscópicamente una película fotosensible y ésta, al recibir la luz desde la perspectiva adecuada, proyecta una imagen en tres dimensiones.
Pero si lo vemos con cuidado, no es verdad que el holograma contenga la información de toda la escena. En realidad, cada fragmento del holograma contiene la información de toda la escena vista desde el lugar donde el observador estaba.
De esta manera apreciamos la importancia que tiene la posición en el espacio del ser al que se le levanta una carta natal, pues la domificación establece el ángulo de incidencia de las diversas “frecuencias energéticas”.
La mayoría de los astrólogos en algún momento de su quehacer se da cuenta que diferentes rasgos de la carta natal se repiten en varios niveles, como distintas cosas que hablan de lo mismo, remitiendo a una imagen holográfica. Diferentes técnicas traen diferente información, pero esa información tiene similaridades que apuntan a la carta natal como un todo. Las progresiones simbólicas, por ejemplo, relacionan el movimiento diario de un planeta con una dimensión mayor, el año. Un día transcurrido es un año transcurrido. La Luna progresada es sincrónica al tránsito de Saturno. Cada signo, cada planeta, tienen sentido en tanto parte de una totalidad; sería un error entenderlos individualmente.
La tradición hindú divide generalmente a los signos en 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8 y 9 partes iguales o shodasavargas. En Occidente los armónicos se trabajan hasta el 12; es decir, cada signo estará dividido en 12 secciones, por lo tanto dentro de cada signo existen los doce signos. En la parte está el todo.

F. David Peat, a partir de la teoría del orden implicado de Bohm, afirma que el Universo entero se encuentra plegado sobre si mismo en cada región del espacio. “Los eventos sincronísticos, entendidos como una coincidencia significativa entre microcosmos y macrocosmos, son aplicables si consideramos que, bajo los estratos de un orden implicado individual, existe un nivel más profundo que contiene, plegada, toda la información del Universo”.
Como analogía literaria, propongo la del cuento de Jorge Luis Borges El Aleph, sólo que para Peat cada punto del espacio sería un Aleph.
Así lo describe el genial escritor argentino:
“… En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo..”

Con respecto a la teoría del orden implicado y explicado de David Bohm, podría decirse que una carta astral surge del océano de lo implicado. Bohm pensó este escenario en términos de holomovimiento u holokinesis.
Cualquier forma de movimiento podría constituir un holograma, la totalidad indefinida de movimientos sería un holomovimiento, o sea, la base de lo que es manifiesto. La carta natal es un momento particular dentro de ese contínuo holomovimiento y por eso, una holografía que posee la información del Todo.
Según Bohm, el Universo está estructurado según los principios generales del holograma, y para Pibram el cerebro es un holograma que decodifica un universo holográfico.

En la teoría holográfica lo que puede verse es que en última instancia se trata de decodificación de frecuencias. Los diversos aspectos del Universo se expresan en forma de modelos de interferencia energética, entremezclados pero diferentes que portan información que definen su naturaleza e identidad.
Es sugerente el hecho de que en la holografía no se usan lentes, es decir, no se focaliza. Una lente provoca la divergencia o convergencia de la luz, pero el laser siempre permanece coherente. Al no haber convergencia no hay focalización. Esto produce una suerte de un emborronamiento de frecuencias que luego se decodifica.
La teoría holográfica sostiene que un ámbito borroso de frecuencias y potencialidades sustenta la realidad concreta. Los fundamentos de la Astrología provendrían de ese nivel de frecuencias que sólo podemos registrar desenfocando nuestra mirada, como en las imágenes (estereogramas) del libro “El Ojo Mágico”.
Los estereogramas son imagenes 3d ocultas en otra imagen, en un patrón en dos dimensiones. Estos se pueden ver ya que nosotros tenemos dos ojos, por ende dos visiones diferentes, lo que pasa es que nuestro cerebro une las dos visiones. El estereograma es una ilusión óptica basada en la capacidad que tienen los ojos de captar imágenes desde distintas perspectivas. Esas perspectivas diferentes son captadas de tal forma por el cerebro, que pareciera ser una imagen tridimensional.

http://astrotranspersonal.com.ar/imagen3d.jpg
Figura 2
Solamente podemos visualizar lo que se encuentra “oculto” tras la esfera de frecuencias si desenfocamos nuestra manera de observar.
Un mítico guerrero samurai del siglo XV llamado Miyamoto Musashi distinguía entre dos tipos de empleo de los ojos: el ken o visión superficial de la apariencia, y el kan o acceso a la esencia de las cosas. La mirada debe ser profunda y amplia. Esta es la doble mirada “vista y percepción”. La percepción es fuerte, y la simple vista es débil.
Decía que “en estrategia es importante ver las cosas lejanas como si estuviesen cerca, y tomar un punto de vista distante de las cosas cercanas. Es necesario ser capaz de ver a ambos lados sin mover los ojos. Esta habilidad no se domina con facilidad. Asimila lo que está escrito aquí: usa esta mirada en la vida cotidiana y no la modifiques ocurra lo que ocurra”.

Para verificar si la Astrología funciona como la holografía tendríamos que desenfocar nuestra conciencia/mirada habitual para así descubrir la dimensión más profunda de la que surge nuestra realidad. Una conciencia focalizada (como la que usamos constantemente) tiende a “definir”; sin embargo una conciencia no focalizada lo que define es la dimensión oculta tras el patrón energético de frecuencias. Sólo así podremos ver, luego de practicar un poco, ese objeto escondido que flota dentro de un conjunto caótico de formas e imágenes sin sentido (Figura 2).
También diríamos que la frecuencia particular de cada tránsito planetario genera una información plausible de ser codificada por un cerebro en un lugar y momento determinado. De aquí provendrían la concienciación de las cualidades esenciales de los planetas, del efecto de los tránsitos y las progresiones, entre otras cosas.

Ahora bien, debemos darnos cuenta que no se puede ir mucho más allá de estas interpretaciones. Sin embargo si vamos más allá del nivel físico de frecuencias, vemos que tanto el holograma como el estereograma funcionan excelentemente como metáforas para describir niveles diferentes y superiores de realidad.
Los antiguos alquimistas, astrólogos y filósofos herméticos usaban como metáfora el Unus Mundi (4) y las correspondencias entre Macrocosmos y Microcosmos.
Así era como la mentalidad medieval buscaba una inserción en el cosmos que diera sentido a su existencia. Hoy nuestra metáfora es la del orden implicado y el holograma.

Si bien el holograma remite a una realidad “inmaterial” el caso es que al hablar de frecuencias o pautas de interferencia electromagnética seguimos en el nivel de la fisiosfera, o sea, el nivel de la física, la óptica y el electromagnetismo.
Y como decía antes, la Astrología no se puede explicar solamente por estos medios pues ellos únicamente remiten al nivel material (el más básico) de la realidad; pero como metáfora… es una metáfora excelente.

LOS ESENIOS

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Los Esenios FLAVIO JOSEFO
Flavio Josefo: ANTIGÜEDADES JUDAICAS, 13, 5, 9
En esta época (1) había tres partidos entre los judíos, que sostenían distintas opiniones sobre los negocios humanos. Uno se llamaba el partido de los fariseos, el otro el de los saduceos y el tercero el de los esenios. Los fariseos afirmaban que algunos sucesos, aunque no todos, son obra del Hado (2), y por tanto el hombre no puede decidir que ocurran o no. El partido de los esenios, en cambio, sostiene que el Hado domina todas las cosas y que todo cuanto sucede a los hombres es por decisión suya. Y los saduceos prescinden del Hado, sosteniendo que no existe. Niegan que los acontecimientos humanos se produzcan según su disposición y afirman que todo depende de nuestro propio poder, de forma que somos nosotros mismos los que provocamos nuestra buena suerte y que sufrimos lo malo a causa de nuestra imprevisión. Pero ya he dado más detalles sobre estos partidos en el libro segundo sobre los asuntos de los judíos.
Flavio Josefo: ANTIGUEDADES JUDAICAS, 18, 1, 5
En general, la doctrina de los esenios lo refiere todo a Dios. Dicen que las almas son inmortales y dan gran valor a la recompensa del justo. Envían ofrendas al Templo, pero llevan a cabo sacrificios con peculiares ritos purificadores, y por ello se mantienen apartados de los recintos del santuario, que están abiertos a todos, y ofrendan por sí mismos los sacrificios. En otros aspectos son hombres excelentísimos por su modo de vida y se dedican por completo a la agricultura. Una de sus prácticas despierta especialmente la admiración de los demás aspirantes a la virtud, puesto que ni entre los griegos o los extranjeros ha existido algo semejante. Es la suya una práctica muy antigua, que nunca se ha entorpecido, y es la de tener sus bienes en común. El rico no obtiene de su propiedad mayor beneficio que el que carece de todo. Y ésta es una práctica que respetan más de cuatro mil hombres. Tampoco toman esposa ni admiten esclavos, pues consideran que la esclavitud provoca la injusticia, y el matrimonio es motivo de riñas. Por lo tanto, viven solos y se sirven los unos a los otros. Eligen hombres buenos como administradores de sus ingresos y de los productos de la tierra, y sacerdotes para la elaboración del pan y de (otros) alimentos. Su forma de vida no se diferencia o, mejor dicho, está muy próxima a la de los dacios llamados "polistae".
Flavio Josefo: LAS GUERRAS DE LOS JUDÍOS, 2, 8, 2-13
2. Entre los judíos había tres sectas filosóficas. Los secuaces de la primera son los fariseos, los de la segunda lo saduceos y los de la tercera, que tienen la reputación de una mayor santidad, reciben el nombre de esenios. Éstos son judíos de nacimiento, y los unen lazos de afecto más fuertes que los de las otras sectas. Rechazan los placeres, estiman la continencia y consideran como una virtud el dominio de las pasiones. Permanecen célibes, y eligen los hijos de los demás, mientras son maleables y están a punto para la enseñanza, los aprecian como si fuesen propios y los instruyen en sus costumbres. No niegan la conveniencia del matrimonio ni pretenden acabar la generación humana, pero se guardan de la lujuria femenina, convencidos de que ninguna mujer es fiel a un solo hombre.
3. Desprecian las riquezas y su forma de vida en comunidad es extraordinaria Entre ellos ninguno es más rico que otro, puesto que, de acuerdo con su ley, los que ingresan en la secta deben entregar su propiedad a fin de que sea común a toda la orden, tanto que en ella no existe pobreza ni riqueza, sino que todo está mezclado como patrimonio de hermanos. Consideran que el aceite es contaminador. Si alguno de ellos lo toca, aunque sea accidentalmente, le frotan el cuerpo. Consideran conveniente el conservar la piel seca y vestir siempre de blanco. Eligen administradores encargados de sus propiedades comunes, y son tratados con absoluta igualdad en cualquiera de sus necesidades.
4. No viven en una sola ciudad, pero en cada una moran muchos de ellos. Cuando llega algún miembro de otro lugar, le ofrecen cuanto tienen como si fuera de él, y le tratan como si fuese íntimo aunque no le hayan visto jamás. Por esta razón cuando salen de viaje no llevan nada encima, excepto sus armas como defensa contra los ladrones (3). En cada ciudad hay un encargado de la orden para cuidar de los forasteros y proporcionarles vestidos y todo lo necesario. Su circunspección y su porte corresponden al de jóvenes educados bajo rigurosa disciplina. No renuevan la ropa ni el calzado hasta que están rotos o desgastados por el uso; no compran ni venden nada entre ellos, pero cada uno da lo que otro pueda necesitar, recibiendo a cambio algo útil.
Independientemente de los trueques, nada les impide aceptar de cualquiera aquello que puedan necesitar.
5. Su piedad es extraordinaria. No hablan de materias profanas antes de que el sol nazca, sino que rezan ciertas oraciones recibidas de sus padres, para rogarle que aparezca. Después sus directores los despiden para que cada uno se dedique a su labor, trabajando con ahínco hasta la hora quinta, después de la cual se reúnen en un lugar y se bañan en agua fría cubiertos de velos blancos. Acabada la purificación, se recogen en unos aposentos donde no pueden entrar individuos de otra secta; acto seguido, libres de toda contaminación penetran en el comedor como si fuera un santo templo y se sientan en silencio. Entonces el panadero dispone los panes y el cocinero les coloca delante un plato con una sola comida. Un sacerdote bendice la comida, porque sería una falta probar el alimento antes de haber dado gracias a Dios. El mismo sacerdote, una vez han comido, repite la oración de gracias. Tanto al principio como al final honran a Dios como sostén de la vida. Luego se quitan los vestidos blancos y trabajan hasta la noche; cenan de la misma forma, acompañados de los huéspedes, si los tienen. Ningún grito ni disputa perturba la casa; todos hablan por turno. A los extraños este silencio puede parecerles un tremendo misterio, pero tiene su justificación en su templanza en el comer y el beber, en lo que nadie se excede.
6. No hacen nada sin consentimiento de sus directores, excepto cuando se trata de ayudar al necesitado y compadecer a los afligidos. En estos casos tienen permiso para proceder según su propia voluntad en socorro de los que lo merecen y para dar de comer a los pobres. Pero en cambio no pueden dar nada a sus parientes o deudos sin licencia de sus jefes. Saben moderar su ira y dominar sus pasiones; son fieles y respetan la paz. Cumplen cuanto han dicho como si lo hubieran jurado, porque aseguran que está condenado quien no puede ser creído sin juramento. Estudian con entusiasmo los escritos de los antiguos, sobre todo aquellos que convienen a sus almas y cuerpos, y aprenden las virtudes medicinales de raíces y piedras.
7. A los que aspiran a entrar en la secta, no los admiten inmediatamente, sino que les prescriben su modo de vida durante un año, fuera de su comunidad, entregándoles una hachuela, una túnica y una vestidura blanca. Cuando el candidato ha dado pruebas de su continencia durante este tiempo, lo dejan asociar más a su modo de vida y participar de las aguas de la purificación, pero todavía no es admitido en sus prácticas de vida en común. Para ello necesita afirmar su carácter durante dos años más; y si previo examen se muestran dignos de ello, los acogen en el seno de la comunidad. Y antes de que puedan tocar la comida común, deben pronunciar severos juramentos de que, ante todo, honrarán a Dios, y después que serán justos, que no dañarán a nadie deliberadamente o por orden ajena, y que odiarán al malvado y ayudarán al justo; que serán fieles a todos, y en especial a los que mandan, porque nadie alcanza el gobierno sin la voluntad de Dios, y que, si llegasen a ostentar autoridad, no abusarían de ella, ni tratarían de rivalizar con sus subordinados en vestidos ni en riquezas; que amarán la verdad y reprobarán a los mendaces; que no mancillarán sus manos con el robo, ni su alma con ilícitos provechos; y también que no ocultarán nada a los miembros de su secta, ni revelarán nada de sus asuntos a los demás; aunque los amenacen con la muerte. Además, juran que nadie establecerá sus doctrinas de otra manera de cómo las han recibido, huirán del latrocinio (4), conservarán los libros de sus leyes y honrarán los nombres de los ángeles Éstos son los juramentos con los cuales ponen a prueba la fidelidad de los candidatos.
8. Expulsan de su orden a aquellos que incurren en delito grave, y a menudo ocurre que el repudiado muere de modo miserable, porque tanto por sus juramentos como por su condición, no tiene libertad para recibir comida y bebida de otros; se ve obligado a alimentarse de hierba, con lo cual su cuerpo se va adelgazando hasta que, finalmente, muere. Por esta causa muchas veces se compadecen de ellos y los readmiten cuando están al límite del agotamiento, considerando que sus faltas han sido suficientemente castigadas con estos sufrimientos casi fatales.
9. Son muy justos y equitativos en sus juicios, en los que intervienen no menos de cien miembros, pero lo que éstos deciden es inapelable. Después de Dios, honran el nombre de su legislador (Moisés), y si alguno habla mal o blasfema contra él, es condenado a muerte. Obedecen de inmediato a los ancianos y a la mayoría, de forma que, si diez están reunidos, ninguno hablará en contra de los deseos de los otros nueve. Evitan escupir enfrente o a la derecha de los demás. Su abstención de trabajar en el séptimo día (de la semana) difiere notablemente de los demás judíos; no sólo preparan la comida la víspera, por no encender fuego en día de fiesta, sino que ni siquiera se atreven a levantar una vasija o ir a la letrina. Los otros días cavan una pequeña fosa de un pie de hondo, con la hachuela (o azadilla) que se da a los neófitos, y se cubren con sus túnicas para no ofender al resplandor divino al aligerar sus vientres; después la cubren con la tierra que sacaron antes, pero todo ello después de haber elegido para tal fin un lugar lo suficiente apartado. Y aunque la evacuación sea una función natural, acostumbran a lavarse después, como si considerasen que se habían mancillado.
10. Según sea su tiempo de vida ascética, se dividen en cuatro grupos, y los más nuevos son hasta tal punto considerados como inferiores que si por casualidad tocan a algunos de los antiguos, éstos deben lavarse igual que si hubiesen sido tocados por algún extranjero. Viven largo tiempo, y muchos de ellos llegan a centenarios, gracias a la sencillez de su alimentación y también por su forma regular y moderada de vivir. Desprecian las adversidades y dominan el dolor con la ayuda de sus principios, y consideran que una muerte gloriosa es preferible a la inmortalidad. Su guerra contra Roma demostró fuerza de alma en todos los aspectos, porque, aunque sus cuerpos eran atormentados, dislocados, quemados o desgarrados, no se consiguió que maldijesen a su legislador o que comiesen algo prohibido por su ley; tampoco suplicaron a sus atormentadores ni derramaron una lágrima, antes sonreían en medio del dolor, se burlaban de sus verdugos y perdían la vida valerosamente, como si estuvieran convencidos de que tornarían a nacer.
11. Esta opinión la sostenían todos ellos, es decir, los cuerpos son corruptibles y su materia no es permanente; sus almas son inmortales, imperecederas, proceden de un aire sutilísimo y entran en los cuerpos, donde se quedan como encarceladas, atraídas con halagos naturales. Cuando se libran de las trabas de la carne se regocijan y ascienden alborozadas como si escapasen de un cautiverio interminable. Las buenas almas, y en esto coinciden con la opinión de los griegos, tienen sus moradas allende el Océano, en una región exenta de lluvia, nieve y calor excesivo, porque es refrescada de continuo por la suave caricia del viento occidental que llega a través del Océano. Las almas malas van a un paraje oscuro y tempestuoso, henchido de castigos eternos. Y en verdad se me antoja que los griegos tuvieron la misma idea cuando señalaron las islas de los bienaventurados para los personajes que denominan héroes y semidioses; y a los malos les han señalado el Hades, donde, de acuerdo con sus fábulas, ciertas personas, tales como Sísifo, Tántalo, Ixión y Titio, reciben su castigo, teniendo por cierto en principio que las almas son inmortales. Esto es un incentivo para la virtud y una admonición pata la maldad, porque los buenos mejoran su conducta con la esperanza de la recompensa tras su muerte, y las inclinaciones viciosas de los malos se refrenan con el miedo y la esperanza, pues, aunque se oculten en esta vida, sufrirán castigo eterno en la otra. Éstas son, pues, las divinas doctrinas de los esenios acerca del alma, que encierran un señuelo irresistible para quienes han sido atraídos por su filosofía.
12. Hay entre ellos algunos que aseguran saber las cosas futuras con la lectura de sus libros y varias clases de purificaciones, amén de estar muy versados en los dichos de los profetas. Muy pocas veces sus predicaciones resultan fallidas.
13. Existe además otra orden de esenios, que están de acuerdo con los anteriores sobre conducta, costumbres y leyes, pero difieren en la opinión del matrimonio. Dicen que el hombre ha nacido para la sucesión y que, si todos los hombres la evitasen, se extinguiría la raza humana.
Sin embargo, ponen a sus mujeres a prueba durante tres años, y si hallan que sus purgaciones naturales son idóneas y aptas para la procreación, se casan con ellas.
Pero ninguno se acerca a su esposa mientras está embarazada, como en demostración de que no se casan por placer, sino con vistas a la multiplicación. Las mujeres se bañan con las túnicas puestas, lo mismo que los hombres. Éstas son las costumbres de esta orden de esenios.
NOTAS:
(*) Publicado en Edmund Sutcliffe, Los monjes de Qumrán, Garriga, Barcelona, 1962, (agotado).
(1) Durante la supremacía de Jonathan (160-142 a. C.)
(2) En este caso Josefo acomoda su léxico al de los lectores paganos; pero piensa en la omnipotente Providencia.
(3) Los pobres, sobre todo si no llevan nada consigo, poco o nada han de temer de los ladrones; pero estos pobres eran esenios que proclamaban la sumisión al poder romano y se desentendían incluso de la fabricación de armamentos. Sostenían que toda autoridad viene de Dios. Esta doctrina significaba la anatemización de los zelotas, a los que Josefo suele llamar bandidos.
Defendían que era una traición a la única realeza de Dios, el privilegio sagrado de Israel, y consideraban derecho suyo, e incluso su deber, matar a los culpables de desobedecer la Ley divina.
(4) Sorprenderá al lector el voto de abstenerse del latrocinio o bandidaje, que parece desplazado en el caso de individuos que profesaban la total pobreza individual. Ello indujo a Lagrange, Judaisme, Pág. 314, n. 3, a considerar el texto corrupto. Mas Josefo emplea a menudo la palabra "bandido", "ladrón", en el caso del partido cuyos principios describe como los de la cuarta "filosofía" judía; se llamaban a sí mismos "zelotas", porque les movía el celo por la religión nacional, y en particular, por el único señorío de Dios. No admitían como gobernantes a personas de origen extranjero; esta doctrina chocaba abiertamente con la de los esenios, según la cual el hombre sólo recibe el poder por voluntad de Dios y, por lo tanto, hay que obedecer a quienes lo detentan; La lealtad a los gobernantes era una parte del juramento de los candidatos. Los zelotas llevaban un puñal con el que castigaban inmediatamente las infracciones de las leyes de Dios, en lo cual tomaban como ejemplo e imitaban el acto del sacerdote Pinehas (Números 25, 7). Naturalmente, la propiedad de los que discrepaban de esta opinión no quedaba inmune. Como se comprenderá, el partido se engrosaba con personas cuyos fines distaban de ser tan honestos, de ahí que llegara a ser llamado de los "bandidos" y asimismo de los sicarios (de "sica", el puñal que portaban). Lo del juramento puede ser una adición posterior, cuando las actividades de los zelotas fueron notorias.
 
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